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Carlos AlonsoSin duda el séptimo arte ha evolucionado a pasos agigantados. Incluso el cine de animación, no se parece en nada, a las primeras películas de dibujos animados. Un ejemplo de esta evolución es “Shrek”, cuya primera entrega, rompió los cánones del cine de animación, soportado en el mundo informático. Otra historia aparte, es la propia narración del filme.
La imagen de “Shrek”, en cualquiera de sus dos versiones, es digna de los mejores elogios. La plasticidad y la belleza de sus imágenes, no tienen parecido en el género. Por encima, incluso de “La bella y la bestia”, que protagonizo verdaderas alabanzas en su plasticidad escénica. “Shrek” esta por encima de cualquier parangón, incluso podría competir con la mejor fotografía de las películas de imagen real.
Podemos utilizar muchas expresiones para definir y felicitar la imagen visual de la película. Sin embargo, será un placer para las pupilas del espectador disfrutar de este derroche de belleza.
La película o, más bien la historia, puede criticarse como una falta de imaginación. “Shrek” no es desde luego una idea original. La película, es la continuación de su primera entrega. Utiliza los mismos argumentos y, en estos argumentos, los mayores recordamos las alusiones a las mil y una historias que el cine de animación ha contado para la gran pantalla. Alusiones a los mitos infantiles, paseo por el recuerdo y la nostalgia de juguetes, personajes y cuentos de todos los tiempos. Incluso la banda sonora, hace referencias a “películas de mayores” para secuencias adaptadas al ogro más humano del planeta. “Shrek 2”, como su primera parte, es un compendio resumido de personajes y secuencias memorables de otras películas o historias.
Sin embargo, la narración, una vez más, es sensiblera y humana. El ogro no es el malo, sino los corazones corrompidos. Esa moralina, esa incentivación hacía la igualdad esta planteada con el refrán de que una imagen vale más que mil palabras y el filme, tiene como objetivo sensibilizar, con humor blanco y sencillo, con dardos certeros al corazón con un mensaje, indiscutiblemente, para todos los públicos.
La unión de la calidad de su plasticidad en la imagen. La excelente historia narrada, con humor y simpatía y el conjunto de recuerdos y alusiones a otros mitos de la animación o del cine, hacen una película para entretenida en su cuento de hadas, para deleitarse con la imagen, para pensar y también, para disfrutar de esta simpar Cenicienta moderna, con alusiones al “Jorobado de NotreDame” y con el reparto cargado de los personajes de mil historias infantiles diferentes.
Por cierto, fíjense en ese gato con botas, con aires andaluces y acentos malagueños. Es la voz y la colaboración de Antonio Banderas.