| | | Klimt |
(Klimt, 2006)
Austria, Francia, Alemania, Reino Unido - 97 minutos Drama
Director: Raoul Ruiz
Actores: John Malkovich, Veronica Ferres, Saffron Burrows, Stephen Dillane, Paul Hilton, Sandra Ceccarelli, Karl Fischer, Irina Wanka, Antje Charlotte Sieglin
Producción: Paulo Branco, Arno Ortmair, Dieter Pochlatko, Andreas Schmid Distribuidora: EuroCine Films
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| Sinopsis |
La obra de Gustav Klimt es una arrebatadora combinación de sensualidad, expresividad y pasión y, como su propia vida, está dedicada por entero a las mujeres. Fue un artista muy adelantado a su tiempo que obtuvo el reconocimiento en París pero el desprecio en Viena, su ciudad natal, donde se le tachó de escandaloso. Klimt vivió la vida igual que la pintó. Tuvo romances con sus modelos y musas, relaciones de las que nacieron 30 hijos aproximadamente.
En sus cuadros y dibujos, Klimt creó una imagen completamente nueva de la mujer y un nuevo ideal de belleza aún vigente hoy día. La eterna búsqueda de perfección, erotismo y amor del artista se refleja en sus obras y se expresa en esta historia a través de su apasionada relación con la bailarina y actriz francesa Lea de Castro.
La historia arranca en el pabellón austríaco de la Exposición Internacional de París de 1900, donde Klimt es galardonado con una medalla de oro por su obra. Allí conoce al mago del cine Méliès, que le presenta a Lea de Castro. La bailarina encarna a la musa de sus sueños así como a su ideal erótico y sus deseos carnales. También conoce al misterioso «Secretario de Estado», que a lo largo de la película hostiga la inestable cordura del artista. El director Raúl Ruiz muestra el enfrentamiento de Klimt con las autoridades austríacas y con la alta sociedad vienesa, surgido a raíz de las alegorías «escandalosas» del pintor y que desemboca en un dramático incidente en el que Klimt roba del edificio de la Secesión de Viena sus cuadros incautados por el Estado, que finalmente se ve obligado a comprar para evitar el encarcelamiento. Ruiz se sirve de hechos, conversaciones y citas del círculo de amigos de Klimt y otros personajes contemporáneos a él para dotar de autenticidad a la acción con la aparición esporádica de figuras como Schiele, Altenberg, Bahr y Wedekind, que labraron el tejido cultural que envolvía las cafeterías de la Viena del cambio de siglo.
La trama de la película se centra en la pasión de Klimt por Lea de Castro, su lucha por la libertad artística y su eterna pero platónica relación con Emilie Flöge. La amistad íntima que le unió al artista Egon Schiele compone la voz narrativa de la película. La interpretación que Raúl Ruiz hace de la vida de Klimt es una extraordinaria plasmación visual y musical de los hechos históricos. El director indaga en la eterna búsqueda de perfección, erotismo y amor de Klimt; en su incansable exploración de una nueva forma expresiva; en su rechazo del clima social y artístico de la época; en la agitación que vivió Viena con la llegada del siglo XX; y en el declive del Imperio de los Habsburgo.
La creación de Raúl Ruiz es un virtuoso homenaje a un artista y a su vida, con la Belle Époque como sugerente telón de fondo histórico.
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| Comentarios |
Por Kike Llorente
Estamos muy acostumbrados a ver la vida de grandes maestros de las artes plásticas en la gran pantalla.Por supuesto que nunca hablamos de personas normales; siempre se nos muestran como provocadores, vividores e inadaptados a su tiempo.
Gustav Klimt no es una excepción a la larga lista de personajes que la componen. Nos muestran al artista austriaco que, por sus ideas revolucionarias en la pintura, no será profeta en su tierra. Mientras en su pais natal es considerado un provocador, el reconocimiento le llegará en la capital francesa; donde su obra será considerada poesia.
Durante su estancia en París, con motivo de la Exposición Universal, se le entrega la medalla de oro de las artes. Allí un director de cine le presentará a Lea de Castro, una mujer que ocupará todo el espacio de la mente de Klimt hasta el punto de convertirse en una autentica obsesión. Una mujer que llevará al artista hasta un punto de creación, al que nunca se había expuesto, y una locura que le hará preso de su propia alma.
Un film que nos adentra en la soledad del genio, en su pasión por las mujeres y sobre todo por mostrar una nueva visión poetica de su alegoría.
Gustav Klimt (1862–1918)
Gustav Klimt, pintor austríaco que fundó la escuela de pintura conocida como la Secesión de Viena, escandalizó al público de principios del siglo XX con sus cuadros poco ortodoxos y de componente erótico.
Nacido en Baumgarten, cerca de Viena, Klimt sintió crecer su interés por el arte gracias a su padre, grabador de oro y plata. El artista recibió su preparación formal en la Escuela de Artes y Oficios de Viena, y en 1883 fundó un estudio independiente especializado en la ejecución de pinturas murales. Sus primeras obras son características de la pintura académica de finales del siglo XIX, como puede apreciarse en murales como el realizado para el Burgtheater de Viena (1888) o el de la escalinata del Museo de Historia del Arte.
En 1897, a la vez que afloraba un estilo más maduro de Klimt, el artista fundó la Secesión de Viena, grupo de pintores que se rebelaron contra el arte académico en favor de un estilo decorativo similar al Art Nouveau. Poco después pintó tres murales alegóricos para el techo del auditorio de la Universidad de Viena, que fueron objeto de airadas críticas: el simbolismo erótico y el pesimismo de estas tres obras originaron tal escándalo que los murales fueron rechazados. Sus posteriores obras, el Friso de Beethoven (Galería Austríaca del Museo Belvedere, Viena, 1902) y los murales del Palacio Stoclet (Bruselas, 1909–1911), se caracterizan por un trazo preciso y lineal, y por el uso decorativo de figuras planas de diversos colores y de láminas doradas. Algunas de las obras más celebradas de Klimt son El beso (Galería Austríaca, 1908) y los retratos que hizo de damas de la alta sociedad vienesa, como el de Fritza Riedler (Galería Austríaca, 1906) y el de Adele Bloch-Bauer (Galería Austríaca, 1907).
En El beso, la obra más famosa de Klimt, unas figuras plasmadas con gran belleza parecen flotar en un ensueño, envueltas en el mosaico abstracto de un manto que sugiere armoniosos contornos corporales. El trazo rítmico y fluido y las formas orgánicas de los incomparables cuadros de Klimt ejercieron una gran influencia en el movimiento Art Nouveau.
En otras obras trató la figura humana sin sombras, ensalzando la exuberante sensualidad de la piel al rodearla de magníficas composiciones planas de rica ornamentación. |
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