| | | La Maquina de Bailar |
(La Máquina de Bailar, 2006)
España - 90 minutos Comedia
Director: Óscar Aibar
Actores: Jordi Vilches, Santiago Segura, Bárbara Muñoz, Eduardo García, Oskar Salcedo, Chema Rodríguez, Benito Pocino, José Corbacho, Josele Román
Producción: Santiago Segura, Mª Luisa Gutiérrez, Tedy Villalba, J. Carlos Caro Distribuidora: United Int. Pictures (UIP)
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| Sinopsis |
El Recrativos Las Vegas es un viejo salón deportivo del centro donde los adolescentes echan las tardes en un mundo de neones de colores y musiquillas estridentes. Entre ellos, Dani y su pandilla, un grupo de chavales de Fuenlabrada, son los amos de un singular videojuego: la máquina de bailar.
Dani trabaja en un supermercado. Allí, un segurata con pinta de asesino en serie le tiene por un buen chaval. Tanto, que le pide que cuide su boa albina (una capricho de la naturaleza) durante el mes que pasará en el extranjero. Y por supuesto Dani, además de vigilar el animal, utiliza el piso para organizar una fiestecita con una amigas y de paso enviar a la serpiente al otro barrio en un desafortunado accidente. A la pandilla no le queda otro remedio que buscar un animal de repuesto, pero el único que encuentran cuesta una pasta. No saben ni por donde empezar hasta que descubren la convocatoria del primer concurso nacional de la máquina de bailar, que se celebrará en el Salón del Manga.
Pero para conseguir competir a un alto nivel necesitan la ayuda de un experto coreógrafo, alguien que les guíe en el complejo mundo de las competiciones de baile. Johnny, el encargado del Las Vegas, fue un viejo campeón de cuando la música disco hacía furor. Conmovido por los chavales (que le recuerdan un poco a sí mismo) decide prepararles.
La pandilla deberá superar a todos los equipos que se les vayan poniendo por delante, hasta llegar a una gran final donde Dani se enfrentará, nada más y nada menos, que al campeón del mundo de la máquina de bailar, un joven nipón engreído y malvado. La preparación del duelo se convertirá en algo más que un entrenamiento. Supondrá una superación de los conflictos tanto de los chicos como de Johnny, que se desprenderá de la nube negra que le ha perseguido desde que en el 79 perdió la final de La Juventud Baila.
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| Comentarios |
Por Carlos Alonso
Causa furor entre la juventud aficionada a los videojuegos y la cultura oriental un divertimento electrónico llamado Pump It Up que consiste en una máquina de baile colorista, donde gana aquel que consigue más puntos siguiendo los pasos que indica la pantalla, pisando frenéticamente en el suelo las flechas correspondientes.
En torno a este juego de movimiento trepidante gira la trama de “La máquina de bailar”, última producción del inefable Santiago Segura, dirigida por Óscar Aibar. Sin embargo, de entrada, poco se explica de este fenómeno social que vértebra la función. Probablemente gran parte del público saldrá de la sala sin saber a ciencia cierta en qué consiste realmente este invento y cómo son sus fieles seguidores.
No obstante, pueden haberles ocurrido dos cosas. La primera, que si buscan una película de mínima calidad, que busque la razón de una historia o acontecimiento, tratado de manera sencilla y con humor. Se habrán equivocado. Se encontraran con un conjunto de situaciones cómicas sin más complicación.
Segunda, que sean seguidores del cine propuesto Santiago Segura. Comedias simplonas, lejos del sustantivo de película y que sobre todo, no les importe hacer millonarios, a gente que sin historia de cine, se atreve a filmar historias con el objetivo externo de hacer reír (que lo consigue) e interno de forrarse con películas taquilleras, pero sin ningún aliciente cinematográfico.
“La máquina de bailar” no es una película de Santiago Segura. Si de uno de esos “amiguetes” (como su productora) que sin escrúpulos han querido contar a 24 imágenes por segundo, una comedia alocada, con poca originalidad, en un intento de copia o imitación absurda del cine americano y convertido en un filme infantil, como aquellas del legendario grupo musical “Parchis”.
Para unos o para otros, simplemente es el atrevimiento de ponerse detrás de la cámara para contar cosas sin fundamento. Muchos títulos así y el número de espectadores que acuden al cine disminuirá. Se trata de hacer arte, no basura. |
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